Colaboraciones (UCAM en breve 4)
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Mis primeros días en Gloucester (II)
por José Vicente García
Tirando de dos aparatosas maletas y recolocando en mi hombro la bolsa de mano, que no hacía más que resbalar, esperé frente al mostrador en el que Pablo luchaba por entenderse con la señora que nos debía vender los billetes de tren hasta Cheltenham, una bonita ciudad, aún por descubrir, al Noreste del condado de Gloucestershire, nuestro destino.
Mientras le esperaba, recordé por un momento aquellas películas de los sesenta en los que los ‘españolitos’, faltos de recorrer mundo, cargaban a cuestas con media casa para cerciorarse que no les faltaría de nada. Me sentía como el nuevo Paco Martínez Soria. Sólo me faltaba la cabra.
Fueron necesarios dos trenes de cercanías y un taxi, para llegar al 89 de Whaddon Road. Los nervios del momento me jugaron una mala pasada cuando traté de asociar las calles, según iban desfilando tras la ventanilla del taxi. Aún siendo las mismas calles por las que ahora paseo, a mi mente se le antojan ‘extrañas’ cuando trato de recordarlas: calles largas y señoriales con enormes mansiones en las que la iluminación en las fachadas y los barrotes en las ventanas brillan por su ausencia. La radio del taxi presentaba canciones a las que apenas podía robar ocho o diez palabras sueltas, lo cual no era muy reconfortante teniendo en cuenta que a partir de ahora todas las clases serían en inglés. Para aumentar mi nerviosismo, el acento sureño del taxista distaba mucho de aquellas cintas de casete que mi profesora de Primaria me hacia escuchar, en la que una melodiosa voz con acento de Oxford nos recordaba la unidad de la lección y el tipo de ejercicio.
Aquellas cintas de casete descargaron todo su misticismo y utilidad cuando aquel simpático taxista de voz quebrada trató, sin éxito, de darnos conversación.
A medida que nos acercábamos a Whaddon Road, las casas iban disminuyendo en tamaño y calidad. Concienciados de que viviríamos en un barrio obrero no esperábamos encontrar ninguna maravilla de casa…
La columna de Ricardo
Improvisación ‘a la española’
Cuando uno viaja mucho por el mundo se da cuenta de lo organizado que está todo en diversos lugares del planeta, y además, esto le sirve a uno mismo para reflexionar sobre lo poco organizado que está todo en España, en nuestra `España del Toro y el Olé´. Creo que España es de los pocos sitios que uno visita, y donde si quieres algo para mañana, mejor te preparas para el mes que viene. Además, en España, las cosas con antelación, dan risa. Como intentes preparar algo, por ejemplo, con antelación de dos meses… tienes poco trabajo o eres un exagerado y te tienes que tranquilizar. ¡Ahora, que no dudarán o criticarán la capacidad de improvisación que tenemos en España! ¡Vamos! Somos capaces de terminar viviendas y pisos para entregar a los dueños, sin instalar los grifos, o de ofrecerles el gas ciudad y entregarles el piso sin tener preparada la conexión para gas ciudad. ¡Esto sí que es improvisación! Es que el español cuando se pone, es capaz de resolver cualquier teoría que se le presente con un vaso de vino en la mano izquierda, y un puro en la derecha. Fíjense si sabemos improvisar que he escrito estas líneas en tan sólo dos minutos.
Tribuna abierta
La vivienda, ¿un derecho constitucional?
El artículo 47 de la Constitución española, defiende el derecho a una vivienda digna para todos los ciudadanos. ¿Cuál es el problema? Que hay que leer la letra pequeña. ¿Cómo? ¿La letra pequeña? Pues sí. Efectivamente, como algún erudito habrá pensado no existe esa letra pequeña, al menos en el texto oficial de nuestra ‘querida’ Constitución, pero a la hora de la verdad sí que existe la misma. Y si no lo han vivido en sus propias carnes, prueben a pedir un préstamo y verán.
La letra pequeña dice lo siguiente: Para poder comprarte una casa debes ‘ganar’ mínimo 700 euros más que la mensualidad de tu hipoteca. ¡Vamos a ver! Si la mayoría de los jóvenes españoles somos mileuristas y tengo que ganar 700 euros más de lo que pago de hipoteca quiere decir que la misma debe ser de 300 euros. Y digo yo, con 300 euros ¿qué nos podemos comprar? Y por supuesto, no podemos ni plantearnos comer, ni compramos ropa, ni echar gasolina al coche.
Entonces, por lo que veo, este artículo ¿a la hora de la verdad no se cumple? Bueno, no hay problema, me darán una vivienda de protección oficial o de ‘esas que subasta el ayuntamiento’…. ¡Error!, ¿Tú te crees que te van a dar una vivienda con ese dineral que ganas? No hombre no, cobras demasiado. Bueno, entonces ¿qué hago?
Por un lado, que cobro mucho y por otro me dicen que cobro poco. No hay quien se aclare. Creo que lo más adecuado es que compremos una buena tienda de campaña, un ’saquico’ de dormir y nos plantemos en el primer parque municipal que veamos, que para eso los pagamos todos. Así además, dispondremos de chalet con jardín y zona de recreo para nuestros hijos, con sus columpios y sus toboganes. El siguiente paso será que nos construyan la piscina.



